A comienzos del siglo XVIII, el entonces Corregidor Antonio Cañedo remite de España a Ica la suma de 100.000 pesos de la época, para la construcción del Desaguadero de Chanchajalla, en los terrenos de la pampa de La Tinguiña. Para desaguar La Achirana y canalizar las inmensas “yapanadas” que continuamente discurrían desde las alturas. El 24 de febrero de 1775, otro inmenso aluvión desborda La Achirana por el sur de La Tinguiña y sepulta bajo el lodo la hacienda de Añamías, con sus párrales (en las inmediaciones de la actual hacienda Vista Alegre).
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